La verdad que se oculta tras su cara de niña buena, no es ninguna; en realidad es una niña buena, jamás pensaría hacer otra cosa que no fuera lo que se le pide; solo esta en esta vida para servir; porque eso es lo que han enseñado.
En una casa muy grande ostentosa, con sirvientes, lujos, joyas; ella no se permite y ni piensa en hacer otra cosa que no sea lo que se le pide, ve a las aves del patio en sus jaulas de plata; pues de oro salen demasiado caras.
Todos los días sentada junto al balcón leyendo libros que le dicen que debe leer.
No muy lejos de aquel lugar un grupo de hombres planean el secuestro ha esa señorita destinada para no hacer nada mas que servir en lo que le sea ordenado.
Es una noche tibia todos duermen, descansa quieta sin moverse ni un poco en la cama; alguien entra pero ella no lo nota, cuando le ponen una mordaza en la boca es cuando despierta; mira con extrañeza a quienes la rodean; no sabe que es lo que pasa, le tapan la cara, atan pies y manos, no sabe que hacer, no sabe si gritar, no sabe si llorar, jamás la prepararon para una situación como esta, solo se deja llevar, no hace esfuerzo alguno por moverse, gritar, no hace mas que quedarse pasmada tratando de oír lo que a su alrededor pasa, el silencio de la noche los acompaña.
Una nota se ha dejado en su cama, pidiendo una cantidad enorme por su rescate.
Llegan a una cabaña en un bosque cercano y peligroso para quien no lo conoce, retiran la bolsa que su rostro tapaba los hombres la miran con lujuria y ella sigue sin saber que pasa, uno de ellos en forma de diversión retira la mordaza para escuchar sus gritos y darle de golpes para así callarla; pero al hacerlo ella se queda en silencio, ellos piensan que es retrasada.
Solo se limita a ver, ver con recato como e han enseñado sin señalar a nadie por cicatrices, o feos ojos, se sienta de lado como buena señorita y les dice buenas noches caballeros; y ellos ahora son los que no saben que hacer, si solo mirarla, ofenderla, burlarse, golpearla o penetrarla.
En una casa muy grande ostentosa, con sirvientes, lujos, joyas; ella no se permite y ni piensa en hacer otra cosa que no sea lo que se le pide, ve a las aves del patio en sus jaulas de plata; pues de oro salen demasiado caras.
Todos los días sentada junto al balcón leyendo libros que le dicen que debe leer.
No muy lejos de aquel lugar un grupo de hombres planean el secuestro ha esa señorita destinada para no hacer nada mas que servir en lo que le sea ordenado.
Es una noche tibia todos duermen, descansa quieta sin moverse ni un poco en la cama; alguien entra pero ella no lo nota, cuando le ponen una mordaza en la boca es cuando despierta; mira con extrañeza a quienes la rodean; no sabe que es lo que pasa, le tapan la cara, atan pies y manos, no sabe que hacer, no sabe si gritar, no sabe si llorar, jamás la prepararon para una situación como esta, solo se deja llevar, no hace esfuerzo alguno por moverse, gritar, no hace mas que quedarse pasmada tratando de oír lo que a su alrededor pasa, el silencio de la noche los acompaña.
Una nota se ha dejado en su cama, pidiendo una cantidad enorme por su rescate.
Llegan a una cabaña en un bosque cercano y peligroso para quien no lo conoce, retiran la bolsa que su rostro tapaba los hombres la miran con lujuria y ella sigue sin saber que pasa, uno de ellos en forma de diversión retira la mordaza para escuchar sus gritos y darle de golpes para así callarla; pero al hacerlo ella se queda en silencio, ellos piensan que es retrasada.
Solo se limita a ver, ver con recato como e han enseñado sin señalar a nadie por cicatrices, o feos ojos, se sienta de lado como buena señorita y les dice buenas noches caballeros; y ellos ahora son los que no saben que hacer, si solo mirarla, ofenderla, burlarse, golpearla o penetrarla.







