¡A la mierda! Ya no hay razón para seguir sobreviviendo ¿Qué sentido tendría? Carolina se fue a la mierda, Joaquín se fue a la mierda; es momento que yo me vaya también.
Se extinguió la vela...
Bruno salió con sus notas en mano... –Ojalá alguien las encuentre y se ría de mi desdicha. Dijo. Y la entregó al viento... Entonces agarro a camino hacia la nada.
Corrió, corrió todo lo que podía y un poco más, el ruido era necesario para ser escuchado por los conejos mutantes y estos terminaran con su sufrir... Pero no pasaba nada, todo parecía estar muerto, desolado.
-Pinches conejos mutantes ¡hijos de puta! Ahora que los necesito también desaparecen. ME OYERÓN ¡HIJOS DE PUTA! Replicaba, pero sólo le respondía el eco.
Tal vez los conejos disfrutan verme sufrir. Pensó. Pero es ya es muy psico. Se contestaba.
Siguió caminando y corriendo. Una hora, dos horas, tres horas; un día, dos; una semana y ya no pudo más, se dejó caer de rodillas y dejarse morir.
A lo lejos empezó a oír la risa de una niña pequeña -Jaja. Qué pendejo. Decía. Pinches drogas todavía me siguen los efectos, se decía a si mismo, era una obvia ilusión. Pero la risa y lo que decía seguía dando vueltas en su cabeza, de alguna forma conocía esa voz, esa niña ya la había oído... Claro. Era la voz de Carolina. Esa Carolina de 8 años... - Pinche Carolina, ni morir en paz dejas, cabrona. Dijo Bruno algo cansado, pensando que así se sentiría menos loco.
En eso escucho el sonido de motores... Giro a ver de dónde venía y vio dos bellas damas; cada una en una moto.
Cerro los ojos y pensó -No, mames, ya valí vergas. Estoy desvariando bien cabrón., al abrirlos ya no estaba.
- Pinches mente ¿Por qué me haces esto?





