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*[La historia será corta (como siempre ha sido la intención de este blog).]*
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16 de diciembre de 2010


Princesitas

En casa siempre estuvieron presente las fantasías y los príncipes azules, mamá nos trataba de manera acaramelada y papá insistía todas las noches leyéndonos aquellos cuentos clásicos compilados en una colección de libros de colores suaves e infantiles, éramos sus princesitas y por consecuencia, las consentidas.

Los años no cambiaron las cosas, el amor de papá lo envolvía todo y mamá era una extensión de aquella atmósfera de ternura y seguridad, fuera en la secundaria o en la preparatoria, podía llegar llena de energía con mis amigas y nuestras hormonas, y ellos recibían todos nuestros caprichitos así sin más, ya fuera que mis amigas y yo armáramos el relajo en la sala de estar o estuviéramos en mi cuarto contando temas más adultos (ya saben, papá y mamá no entenderían), siempre había un detalle que nos recordaban que, aunque los ignoráramos, el amor de los padres estaba ahí, que éramos sus princesitas.

Pese a tal ambiente inocente y adornado de fantasía, logré hacer una vida muy competente y llena de logros, los cuales compartía a la distancia con mis padres y ellos gustosos platicaban con exagerado orgullo a sus conocidos (sofocantes). Mis hermanas y yo ya éramos mujeres hechas y derechas y todo un orgullo para cualquier familia; con la ferocidad para abrirnos camino en un mundo demandante, pero con esa delicadeza que hacía derretir a cualquier hombre por nuestra femineidad.

Así que podrán imaginar que no estoy preparada para los resultados que sostengo en este momento con manos temblorosas, algo que se suponía sería un simple trámite ahora devoraba todo mi mundo; ni la atmósfera de protección que había creado mi papá podría con ello, ni mi príncipe azul que vería en momentos más, en verdad, todo mi plan de vida se desmoronaba y el camino que he de seguir es un completo misterio. De poco sirvió vivir de una forma casi perfecta, de poco sirvió existir con principios morales ejemplares y que eran el camino utópico para quienes me rodeaban, de poco sirvió no entregarme a los impulsos de mi cuerpo, que este documento me indique de manera contundente que tengo SIDA, es el momento para el que jamás me preparé, y del que jamás pensé que temería tanto… ¿Qué será ahora de mi vida?…


3 comentarios:

Muttercită dijo...

ahh pero cómo pasó eso?
palpitante esperar un documento así...
el sida en nuestro país es un lujo, es un lujo enfermarse caray! por lo careros que son los laboratorios...

la MaLquEridA dijo...

Que crudo relato Gabriel. Nunca nadie está preparado para ninguna enfermedad.

Buen texto, te felicito.


Un abrazo.

Tu asesino dijo...

muy trizte.