Más que su origen en la estrellas de rock, se convirtió en un estilo de vida, ambientado de glamur, reconocimiento, sexo, bebidas, drogas, emoción y experiencias intrépidas.
A mí me gusta el rock, pero no me considero envuelto en el ámbito habitual que lo personifica, no me esmero en aparentar mi filosofía o mi forma de ser a través de vestimentas; recientemente fuy a un concierto de “metal”, si al death metal y el metal sinfónico se les puede llamar metal, ahí me di cuenta que ya crecí o por lo menos como dice la biblia que adan y eva comieron el fruto de blah blah y pues descubrieron la vergüenza; yo descubrí que tengo un poco de dignidad, al ver a tanto piojoso con sus vestimentas góticas, sus botas, maquillaje, pupilentes. Yo me pregunto qué clase de fantasía vive esa gente, porque obviamente las estrellas de rock pueden darse lujos y demás que impacta al público, pero muchos aficionados o fanáticos compran la idea y se ven envueltos en una fantasía ajena, el caso, me dio pena ajena.
Ver a un tipo perdido por lo que sea que se metió, caminando de lado, con la cabeza de lado, y según él rockeando me hizo pensar: que clase de mierda te pasa por el cerebro, si eso es disfrutar un concierto, alterando tus sentidos, disminuyéndolos mejor dicho, es disfrutar un concierto que bueno que no le hago a esa madre.
La verdad solo una vez fume marihuana, y la verdad que fue uno de los peores sabores de boca de mi vida, quizás fue que ya andaba muy tomado, pero no tengo deseos de volver fumarla.
La vida de películas y legendarias historias de rock and roll ya no es para mí, esos sueños de hacer tu banda y vagar por el mundo con tu música; ahora prefiero visualizar el éxito, ser más creativo pero la verdad es que por el momento soy: tan fútil como la mierda de un perro en la banqueta.
Ando de flojera.
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